Emplazamiento del castillo de la Zaba
Llegada al castillo
Esquina suroeste
Detalle del aparejo
Vestigios de la iglesia
Al castillo de la Zaba se accede través de un sendero que tiene su inicio a escasos metros de la iglesia de San Esteban de la localidad de Almazorre (comarca de Sobrarbe). A pie tenemos un poquito más de media hora por hermoso sendero señalizado. En nuestra visita, realizada durante la primavera del año 2025, un desprendimiento había cortado el sendero e hizo que la llegada fuera un poco más compleja y, por lo tanto, también un poquito más costosa.
Las ruinas del castillo se asientan sobre un estrato rocoso de unos 40 metros de longitud por 20 de anchura, en la convergencia del río Vero y el barranco de la Selva. Su misión pudo ser la vigilancia de un camino que conducía hacia los llanos de Arcusa y Buil. Su primera cita documental nos traslada hasta el año 1157, en un documento de la Colección Diplomática de San Victorián. Muy cerca del castillo, hacia el este, subsisten algunos restos de una iglesia de filiación románica hoy por hoy casi irreconocibles.
El castillo: Se trata de una torre pentagonal irregular protegida por un recinto murado. El aparejo de la torre es de sillería, con hiladas colocadas a soga y lajas de enrase. Sus muros tienen un grosor que oscila entre 1,60 y 1,70 metros. Infranqueable por tres de sus cuatro costados, el lado débil del risco es el sur, por lo tanto este es el lugar por el que tendremos que emprender la subida. En cuanto a la cronología del castillo puede englobarse entre los años 1050 y 1060 (siglo XI).
La iglesia: A unos 50 metros al este del castillo, a un nivel inferior, perviven los restos de una iglesia que corrobora que estamos ante un conjunto religioso-militar, muy tipico en el Pirineo aragonés. Lo que vemos son los restos de una iglesia de nave única con cabecera semicircular orientada canonicamente. El aparejo es de sillarejo, con bloques de mediano calibre bien cortados e hilvanados. Los restos que perviven en la actualidad son muy exiguos y pueden pasar desapercibidos si no se presta la atención debida.
